“Jakinduriek mundue erreko dau”
El martes 3 de noviembre, a las 19:00, el Modelo Aretoa de Zarautz acoge una noche en la que los bertsolaris Andoni Egaña y Eli Pagola pondrán rima a la ciencia.
Hablar de poder terapéutico sitúa el problema de la enfermedad y el malestar en un ámbito político, más allá de su consideración médica o clínica. Las terapias no son únicamente una serie de prácticas paliativas, sino que se inscriben de lleno en el modo en que el poder se ejerce hoy sobre nosotros. Ese ejercicio del poder no tiene por objeto tanto la normalización como la producción de un sujeto autónomo que gestiona su propia vulnerabilidad, o el ser precario que es, al tiempo que impide toda politización del malestar. Pero, ¿qué significa realmente estar mal? ¿Qué nos ocurre cuando enfermamos? A medio camino entre el texto filosófico y el biográfico, Hijos de la noche es el libro en el que Santiago López Petit ahonda en el significado de estas preguntas para concluir que, solo si nos asumimos como anomalía, esto es, como aquello que no encaja ni quiere encajar en esta vida que nos hace enfermar, podemos hacer de nuestro querer vivir un desafío. Solo así el malestar colectivo puede hallar una respuesta política abierta a todos, impulsada por una fuerza de dolor que se expresa bajo el rostro del anonimato. En compañía de Espai en Blanc y El Pressentiment se está llevando a cabo quizá un esbozo de esta respuesta, todavía balbuceante, y que solo puede ser articulada de forma colectiva.
Estuvieron con nosotros Santiago López Petit, Pepe Rovira y Ekhi Lopetegi, del colectivo Espai en Blanc de Barcelona.
El punto de partida de su análisis es que la característica definitoria de la época global consiste en que realidad y capitalismo se han identificado, lo que significa que ya no hay «afuera» del capital.
En este marco, vivir ya no es un dato objetivo, sino algo subjetivo: vivir es gestionar nuestra propia vida. Esta «movilización global» genera un malestar estructural: el malestar social es el nombre de ese no-poder, de esa imposibilidad de expresar una resistencia común y liberadora frente a las nuevas condiciones de la realidad.
El concepto central es que, cuando la política es gestión de la vida, el poder se convierte en poder terapéutico, que trata de reconducir el malestar.
Este poder tiene una lógica muy precisa: su intervención no perseguirá curar, sino prevenir, evaluar riesgos, chequear aptitudes y, sobre todo, tratar cada caso como particular. Ese es el secreto del modo terapéutico de ejercicio del poder.
Lo crucial es su función política: las terapias no son únicamente una serie de prácticas paliativas, sino que se inscriben de lleno en el modo en que el poder se ejerce hoy sobre nosotros. Ese ejercicio del poder no tiene por objeto tanto la normalización como la producción de un sujeto autónomo que gestiona su propia vulnerabilidad, al tiempo que impide toda politización del malestar.
Para Espai en Blanc, las patologías contemporáneas no son accidentales. De aquí surgen todas las patologías que hoy son las nuestras: la depresión, la ansiedad, los estados de pánico. El malestar nace de la imposibilidad de ser dueños de nuestra propia vida, de la imposibilidad de expresar una resistencia común y liberadora contra esta permanente movilización.
Para que la movilización funcione, este malestar social tiene que encauzarse, y ese encauzamiento debe comportar su inutilización política. Toda dimensión colectiva del malestar tiene que ser borrada: el malestar social será reconducido a una cuestión personal.
El caso más extremo lo ilustran con la cárcel: en la cárcel terapéutica una vida no solo es encerrada, sino que también es colonizada por una intervención que se extiende hasta lo más íntimo, donde las relaciones personales y familiares son consideradas instrumentos terapéuticos.
Frente a este diagnóstico, Espai en Blanc propone una salida arriesgada: si forzosamente estamos obligados a acercar la política a una terapia, entonces hay que pensar una política-terapia que se libere de la terapia misma, apuntando más lejos del horizonte terapéutico.
Recuperan el lema del Colectivo Socialista de Pacientes (SPK): «hacer de la enfermedad un arma», como orientación para pensar la interrupción de la movilización global y la politización del sufrimiento colectivo.
En síntesis, Espai en Blanc invierte la lógica habitual: la enfermedad no es un problema individual que requiere gestión clínica, sino un síntoma político que revela la invivibilidad del capitalismo contemporáneo, y las terapias son, en gran medida, mecanismos de gobierno que impiden que ese malestar se convierta en resistencia colectiva.
A raíz del 15M se hizo patente algo que ya intuían en «El impasse de lo político»: se presentía que llegaba cierta «hora de la verdad» y que la coyuntura actual exigía una apuesta más práctica que teórica. De ahí nace «El Pressentiment». EP es una «hoja de agitación» que pretende intervenir de forma más directa en la realidad. Obviamente eso exige pensar qué es una hoja de agitación hoy en día, ya que no se trata de hacer propaganda política con el objetivo de «movilizar a las masas», sino de plasmar en una hoja en blanco lo que ellos llaman «Pressentiments», con el objetivo de que ello permita que tomemos una posición. Y esto consiste en:

Espai en Blanc
Espai en Blanc es la apuesta colectiva de un grupo de personas que se proponen hacer de nuevo apasionante el pensamiento. Es decir, abrir un agujero en la realidad que no se defina por lo que ya sabe, sino por lo que no sabe. Este agujero se abre en una brecha entre el activismo y la academia, el discurso y la acción, las ideas y la experimentación. Por eso es una apuesta a la vez filosófica y política. A finales de 2015 Espai en Blanc aún existe. Ya son 12 años abriendo agujeros en la realidad por donde poder respirar. Conceptos, escritos, encuentros, informes, películas, investigaciones, publicaciones… son algunos de los materiales con los que ha pensado y experimentado Espai en Blanc.
Espai en Blanc nace en Barcelona, en 2003, como una apuesta filosófico-política colectiva que tiene como objetivo «hacer de nuevo apasionante el pensamiento». ¿Qué significa esto? Fundamentalmente que EB no tiene como objetivo producir conocimiento (en el sentido más académico del término), sino que quiere medirse más bien con aquello que no sabemos. De ahí que la apuesta sea a la vez experimental y radicalmente política.
La trayectoria de EB es larga y está compuesta de diferentes tipos de intervención: encuentros, conferencias, escritos, publicaciones… El elemento más visible y central ha sido quizá la revista del mismo nombre, ESPAI EN BLANC – Materiales para la subversión de la vida. «Vida y política», «La fuerza del anonimato», «El combate del pensamiento» y «El impasse de lo político» son algunos de los títulos que han puesto a los diferentes tomos que han publicado. «La sociedad terapéutica» es uno de ellos.
Lo que pretenden estos volúmenes no es sino desplegar una serie de materiales que permitan pensar nuestra propia vida con el objetivo de subvertirla, tal como reza el subtítulo de la revista (y en ese sentido es un pensamiento encarnado, situado), así como pensar la realidad que nos envuelve con el objetivo de agujerearla. Esa doble vía no es otra que la de la politización de la vida y el pensamiento (en un contexto que podemos llamar posmoderno en el que no existen ya horizontes emancipatorios, la clase obrera ha sido desarticulada y el pensamiento crítico ha sido des-fundamentado).
El martes 3 de noviembre, a las 19:00, el Modelo Aretoa de Zarautz acoge una noche en la que los bertsolaris Andoni Egaña y Eli Pagola pondrán rima a la ciencia.
ZarautzOn obsequia a sus ponentes una litografía de Erik Aranburu, joven artista de Zarautz. El ejemplar 2/15 fue para Arantzazu Lizartza.
Fue excelente cómo logró entrelazar la poesía con el final de la vida —algo duro para todos— y las bonitas frases que nos regaló.