Identificación de tendencias 2025

La identificación de tendencias es una actividad a la que dedicamos tiempo en ZarautzOn porque “Mantenerse despiertos y al día en la visión actual de los problemas de la sociedad y recibir enfoques creativos para abordar el futuro”, nos ayuda a “contribuir al bienestar de las personas y colaborar en el desarrollo social de Zarautz”, tal y como decíamos en 2014 cuando nacimos.

Se ha considerado oportuno reflexionar acerca de las variables de contexto en que nos vamos a desenvolver en los próximos años y que puedan tener un efecto en la actividad que desarrollamos, bien porque se puedan convertir en temáticas de interés para nosotros o por que puedan incidir en la actividad y vida de la asociación.

Se han recopilado una serie de tendencias o factores que consideramos de interés y que iremos publicando aquí, en nuestra web de forma resumida.

2025 SERÁ UN AÑO DE RESACA POST-ELECTORAL.

El mundo ya ha votado, y lo ha hecho, en muchos casos, desde el enojo, el malestar o el miedo.

Más de 1.600 millones de personas pasaron por las urnas en 2024 Interparlamentary Union:

https://www.ipu.org/

y, en general, lo hicieron para castigar a los partidos en el poder. La lista de gobernantes derrotados es larga: demócratas estadounidenses, conservadores británicos, el macronismo en Francia, o la izquierda portuguesa. Incluso aquellos que han resistido han salido debilitados, como atestiguan el descalabro electoral del Gobierno Ishiba Shigeru en Japón, o las coaliciones necesarias en la India de Narendra Modi y la Sudáfrica de Cyril Ramaphosa.

El ciclón electoral de 2024 ha dejado la democracia un poco más magullada, porque los países que experimentan descensos netos en el desempeño democrático superan con creces a los que logran avanzar. Según el informe “The Global State of Democracy 2024” cuatro de cada nueve estados están en peor situación democrática que antes y aproximadamente solo uno de cada cuatro ha mejorado en su calidad.

2025 es el año del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y de una nueva andadura institucional en la Unión Europea (UE) cimentada en unos apoyos parlamentarios históricamente débiles. La volatilidad democrática de Occidente colisiona con la hiperactividad geopolítica del Sur Global y la virulencia de los focos de conflicto bélico.

International Crisis Group

Por eso, 2025 arrancó con más preguntas que respuestas:

El Frente Noroeste de Siria entra en erupción

Con los resultados electorales en la mano, ahora toca ver qué políticas nos esperan; qué impacto tendrán las nuevas agendas ganadoras; ¿hasta dónde llegará la imprevisibilidad de Trump 2.0? Y, sobre todo, ¿estamos ante un Trump factor de cambio o ante aspavientos y fuegos de artificio político?

Estamos también en un mundo todavía lastrado por el impacto de la COVID-19. Cinco años después de la pandemia del coronavirus, muchos países aún están luchando contra la deuda pública que asumieron para combatir el daño económico y social de aquella crisis sanitaria global. La pandemia nos dejó un mundo más endeudado, más digitalizado e individualista, donde han ido ganando terreno las respuestas discordantes entre los grandes poderes globales; donde los objetivos climáticos, económicos y geopolíticos son cada vez más divergentes. En este mundo no chocan únicamente las políticas, sino también los discursos. Las viejas fracturas sociales y culturales se han intensificado: desde las guerras culturales a la lucha por el control de la información y de las burbujas algorítmicamente construidas en las redes sociales.

Por todo ello, la resaca electoral estadounidense no será de las que se combaten con descanso y una tila. El propio Trump se encargará de magnificar las gesticulaciones políticas con las que volvió al despacho oval. Pero, más allá del ruido retórico, cuesta discernir qué respuestas se articularán: hasta qué punto nos adentramos en un año que reforzará todavía más los diques de contención y repliegue que han ido bunquerizando las sociedades y fragmentando la hiperconectividad global; o, por el contrario, veremos emerger una aún tímida voluntad de pensar políticas alternativas que den respuestas a las verdaderas causas del malestar e intenten recomponer consensos cada vez más frágiles.

En resumen, según “El estado global de la Democracia en 2024”

  1. En un año de superciclo electoral en el que aproximadamente 3.000 millones de personas acudirán a las urnas, una de cada tres votará en países donde la calidad de las elecciones es significativamente peor que hace cinco años.

  2. Los resultados electorales se disputan con relativa frecuencia. Entre 2020 y 2024, en casi una de cada cinco elecciones, un candidato o partido perdedor rechazó el resultado electoral. Las elecciones se deciden mediante apelaciones judiciales casi con la misma frecuencia.

  3. La tasa mundial de participación electoral ha disminuido a medida que las elecciones se han vuelto cada vez más disputadas: el promedio mundial de participación electoral disminuyó del 65,2 por ciento al 55,5 por ciento en los últimos 15 años.

  4. Los países que experimentan descensos netos en su desempeño democrático superan con creces a aquellos que los registran. Aproximadamente uno de cada cuatro países avanza (en términos generales), mientras que cuatro de cada nueve están en peor situación.

  5. Los descensos se han concentrado más en la representación (elecciones creíbles y un parlamento eficaz) y los derechos (igualdad económica, libertad de expresión y libertad de prensa).

  6. Además de los deterioros en contextos más débiles, los países con alto desempeño democrático en todas las regiones han sufrido un deterioro significativo, especialmente en Europa y las Américas.

  7. Si bien se han logrado avances sustanciales en la mejora de la administración electoral, las disputas sobre la credibilidad de las elecciones se refieren principalmente a irregularidades en el momento de la votación y el recuento de votos.

  8. A pesar de las numerosas amenazas a las elecciones y el declive observado en muchos países, las elecciones mantienen su potencial como mecanismo para garantizar el control popular sobre los responsables de la toma de decisiones. Los partidos en el poder han perdido las elecciones presidenciales y las mayorías parlamentarias en numerosas elecciones de gran repercusión en 2023 y 2024.

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