«Kontzientzia»: el recuerdo de ZarautzOn a sus ponentes
ZarautzOn obsequia a sus ponentes una litografía de Erik Aranburu, joven artista de Zarautz. El ejemplar 2/15 fue para Arantzazu Lizartza.
El sábado 4 de noviembre de 2017, ZarautzOn elkarbidean sale a caminar de Deba a Lastur siguiendo el antiguo canal de agua Lastur-Deba, para conocer la historia del servicio de agua y electricidad de Deba (1852-1964).
En Lastur compartiremos tertulia y comida con Eduardo García, autor de Deba eta zezenak. Milaka urteko harremanak, que nos hablará de la historia de los toros en Euskal Herria.
Sí, como de costumbre el tren llegó a su hora, las 8:20. Subimos al vagón 8 personas. Tres saldrían más tarde en coche hasta Lastur, para compartir la tertulia y la comida.
Justo el tiempo para comentar la ropa elegida, el avituallamiento preparado, los recuerdos del anterior viaje. Ah… Zakoneta, Arranomendi, el túnel y… nos plantamos en Deba.
Un café con leche en el Salburdi. Comentamos el plan de viaje y sus hitos.
Identificamos los temas y debates que subyacen en lo que vamos a ver y recordar: gestión pública o privada de los servicios básicos, presión de los instalados para mantener la estructura de mercado y defensa de las posiciones adquiridas, reacciones de la comunidad, negociaciones con instituciones y administraciones para implantar nuevos proyectos socioeconómicos. Los recuerdos serán del siglo XIX, pero su vigencia es de rabiosa actualidad.
Comenzamos a caminar por el paseo junto a la carretera. Pasamos frente a Ozio, donde al fondo se sitúan los toriles para los encierros de San Roque, e identificamos los colores «corporativos» del gaztetxe, ubicado en el antiguo matadero.
Observamos a la derecha la casa torre de Maspe. La familia propietaria, descendiente de los linajes de Sasiola y Munibe, es la de un conocido personaje de la política actual: el ex alcalde de Vitoria-Gasteiz y ex ministro Alfonso Alonso Aranegui, cuya familia está muy ligada a Deba.
Tras observar la esperpéntica ex casa cuartel, hoy convertida en viviendas, contemplamos los humedales de Casacampo, donde se llegó a proyectar la construcción de villas. Afortunadamente, se está recuperando este pequeño humedal, que presenta una rica biodiversidad.
Al fondo divisamos la casa de Irarrazabal, donde se ubicó uno de los dos molinos de mareas (el otro estaba en lo que hoy es el campo de fútbol Errotazar), que ya son citados en 1482.
Martin Ochoa Irarrazabal, su propietario en 1583, era alcalde de Deba. Fue constructor y propietario de barcos que se dedicaban al transporte de hierro y lana. Años más tarde se introdujo en el negocio de la pesca y la explotación de productos derivados de las ballenas.
Abandonamos la mirada al río y nos adentramos tierra adentro. Justo antes de llegar a ACME Deva (Asociación Comercial de Máquinas Herramienta), fundada por 18 debarras que deseaban crear «empleo industrial sostenible» y que, junto a Eguzki y Danobat SA, fue fundadora de la cooperativa Danobat, nos adentramos por el meandro del río hacia el caserío Antzondo. Aquí se situaba el desaparecido lavadero de Artzabal.
Y también la fábrica de curtidos Guillermo Marquiegui, que continuó su actividad hasta la época de nuestra infancia.
De frente nos encontramos con la central de Artzabal, que se aprobó en el pleno del 17 de febrero de 1924 con un presupuesto de 18.899 pesetas. Su transformador se adjudicó el 11 de marzo de 1926 a AEG Ibérica de Electricidad. Estamos al final del canal Lastur-Deba.
La construcción del edificio de la central Ugarte Zarra (Lastur), en la cabecera del canal, se aprobó en marzo de 1926 por 13.500 pesetas, y el 7 de enero de 1927 se aprobó la compra de un «motor generador de 150/180 caballos y generador de 120 KWH a Otto Dentz».
Pero el suministro de agua y electricidad por el Ayuntamiento no se pudo aplicar hasta el 17 de diciembre de 1928, por aplicación de una sentencia favorable del «Tribunal Inferior de Guipúzcoa».
Habían transcurrido casi cinco años desde que el Ayuntamiento de Deba anunciara el «concurso para la adquisición y montaje de maquinaria eléctrica e hidráulica de los dos altos y línea» en el Boletín Oficial y en la prensa de Bilbao y San Sebastián (agosto de 1923).
Se presentaron dificultades y contratiempos de índole bien diversa.
Las financieras llevaron a modificar el presupuesto de 550.000 a 711.000 pesetas, lo que obligó a replantear el plan de financiación inicial con la emisión de 1.100 obligaciones y los ingresos previstos. Las necesidades planteadas obligaron al Ayuntamiento a solicitar la intervención del Banco Guipuzcoano y de la Caja de Ahorros Provincial, así como a vender algunas parcelas de su propiedad.
La obra del canal de agua desde Lastur planteó dificultades no previstas o evaluadas incorrectamente: transporte de materiales complicado, trabajos de excavación y cantera complejos y también las inevitables condiciones meteorológicas, que obligaron a aceptar la rescisión del contrato inicial y continuar con el sistema de «obras por administración». Gracias al «buen espíritu del contratista, para la solución de todas (dificultades) sin perjuicio de la calidad de las obras, prorrogó tácticamente el Ayuntamiento los plazos en el sentido de no aplicársele la multa del uno por ciento mensual, por estar considerándolos justificados, según el espíritu del contrato».
Pero lo que obligó a utilizar todos los recursos técnicos y jurídicos, y los contactos políticos que tenían en las Juntas Generales, el Parlamento y, principalmente, ante el presidente del Gobierno y el ministro de Gobernación, fue la oposición frontal de los propietarios de dos molinos: el Conde del Valle y, especialmente, «Hijos de J. J. Trecu», que se defendía declarando que «llevaba 32 años suministrando energía eléctrica a la Villa».
Su principal argumento era que «el Ayuntamiento de Deva lo que pretende es, so pretexto de llevar aguas para el abastecimiento de la población, instalar una fábrica de energía eléctrica recurriendo para ello a la expropiación forzosa».
Los pleitos, demandas y recursos se sucedieron y recorrieron todas las instancias posibles, gracias a los oficios de los mejores expertos y abogados de la época. Los plazos de los concursos, los procedimientos empleados y las tarifas de agua y electricidad aprobadas por el Ayuntamiento sufrieron una judicialización sin tregua.
Con la puesta en marcha de estas dos centrales, el Ayuntamiento de Deba produce el 19 % de la electricidad comprada a Iberduero.
Tenemos aquí un magnífico ejemplo de la defensa de los intereses de las empresas instaladas frente a nuevos operadores posibles. Y también de la conveniencia o no de la municipalización de los servicios básicos, su eficiencia y seguridad.
Tras estas reflexiones compartidas, iniciamos, por detrás de la central hidroeléctrica, una subida sin descanso por un camino seco y en buenas condiciones, aunque no muy usado, ya que hierbas, zarzas y ortigas lo invaden en algunos tramos. Fueron veinte minutos exigentes hasta el caserío Istiña. El ruido lejano de la autopista crece a cada instante y el puente de la autopista se acerca poco a poco.
Llegados arriba, gozamos de unas vistas impresionantes. Una suave brisa refresca y el sudor acentúa la bajada de temperatura de nuestros cuerpos.
Aprovechamos este magnífico panorama para recordar datos de consumo de agua y la situación del suministro a la población de Deba. Utilizo informaciones publicadas por Carmelo Urdangarin en la Memoria de 1963 del Ayuntamiento de Deba.
En 1870 la población de Deba es de 1.500 habitantes, que aumentan hasta 3.500 durante el verano. El suministro lo ofrecen las dos fuentes públicas que hay, además del lavadero. Durante la época estival el déficit es acuciante.
El cálculo de las necesidades de agua en la época era:
El Ayuntamiento pone en marcha el proyecto de «conducción de los saludables manantiales de agua a la villa» (20 de noviembre de 1870). Hay dificultades en la conducción del agua y en los depósitos, y la calidad del agua es mejorable en ocasiones.
Igualmente, ordena realizar excavaciones en las que se detectan tres nuevos manantiales. Calculan que el de Arriola ofrece 65 litros al día por habitante.
Se producen debates en la población a la hora de decidir la ubicación de las fuentes. La Plaza Vieja es uno de los emplazamientos elegidos y, al coincidir con los toros en las fiestas patronales, deciden finalmente colocar una fuente de hierro, pero «de quita y pon».
Por primera vez se plantea la venta de agua a particulares (1871). Se aprueba la venta a 6 ciudadanos (20 litros por minuto) y al Vizconde (6 litros), lo que provoca graves protestas, hasta el punto de anular el acuerdo del consistorio. Pero en 1876 se produce un nuevo acuerdo de venta a 4 personas, lo que supone 34 litros por minuto.
En 1895 el Ayuntamiento alcanza el primer acuerdo para el suministro domiciliario. Se reciben 20 solicitudes, y el precio es de 0,15 pesetas el metro cúbico y 0,20 durante el verano.
Ya en 1919 se plantea utilizar aguas del manantial de «Zazpi Iturrieta», en la margen derecha del río, a pesar de las dificultades por la distancia y la necesidad de bombeo. Finalmente se aprueba la obra por un importe de 134.169 pesetas. Esto supone una subida de las tarifas hasta 0,30 pesetas el metro cúbico y 0,50 durante el verano.
Esta situación se prolonga hasta 1923, cuando se plantea la traída de agua de «Arbizcoa», desde Lastur, mediante la construcción de un canal. Proyecto que se completa con la construcción de las dos centrales eléctricas ya referidas, en cada extremo del canal.
Las tarifas de 1923 eran de 0,60 pesetas el metro cúbico de agua y, para la electricidad, una escala de 2,66 pesetas para consumos inferiores a un kW y de 0,93 pesetas/kW para consumos superiores a 6 kW.
Compartimos una reflexión acerca del consumo medio de agua potable, 144 litros al día, y la realidad de nuestras necesidades. También tomamos conciencia del enorme déficit de agua potable en el mundo: solo en torno al 1 % del agua del planeta es dulce y accesible para el consumo.
Nos volvemos a poner en marcha para continuar por debajo de la autopista. Escuchamos el sonido del paso de los vehículos en las juntas, observamos los impresionantes pilares que la sustentan y la profunda vaguada de Antzondo.
Subimos suavemente, dejando a nuestra derecha el caserío Perlakua y el territorio del Marqués de Saka.
Desde la altura que ganamos rápidamente observamos la agresiva panorámica de las canteras de Sasiola, que amenazan la cueva de Praileaitz, donde se han encontrado colgantes datados en el Magdaleniense. La imagen es impresionante, llamativa y especialmente agresiva.
Al fondo, junto al río Deba, frente al convento hospital de Sasiola, logramos identificar la iglesia de San Andrés de Astigarribia. Su ventana en herradura es sin duda prerrománica y se la identifica como el primer vestigio visigótico (1080).
Pasamos cerca de la cueva de Arbil, que exploraron Jesús Altuna y Aita Barandiaran en los años 70.
De pronto cambia completamente el panorama. Nos rodea el silencio del valle de Lastur behea. Localizamos inmediatamente el canal de traída de agua construido (1923-1926) desde Arbizko a Deba, que permitió abordar todo un proyecto de ingeniería que supuso construir dos centrales hidroeléctricas: Ugarte Zarra en Lastur y Artzabal en Deba.
Vamos a caminar cerca de tres kilómetros sobre el propio canal.
Al comienzo del valle están los caseríos Sustraixa y Artia. En este precioso paraje, acompañados por el tañido de las «ezkila» de las ovejas que pastan en el fondo del valle, nos paramos a ratos para observar la belleza salvaje y natural de un paisaje único.
Pasamos cerca del imponente ejemplar de encina cantábrica ubicado junto al caserío Kortaberri, con sus 3,42 metros de diámetro.
Es preciso mantener aguzada la mirada para sortear los numerosos agujeros que tiene el canal. En nuestro caso, también tuvimos un pequeño incidente que no provocó lesiones de importancia.
El recorrido es paradisíaco. Juegos de luces y sombras constantes, en un risco tallado en piedra caliza, que nos ayudan a intuir las dificultades y complicaciones que debió de presentar esta obra.
Recorriéndolo, comprendemos perfectamente las vicisitudes de las excavaciones y labores de cantera que debieron de afrontar y solventar en la construcción del canal.
Bajamos rápidamente por una vereda empinada. Ante nosotros, la iglesia de San Nicolás de Tolentino de Lastur.
Justo al lado, los molinos de Plazaola, que anteriormente funcionaron como ferrerías. Consta una cédula del rey Alfonso XI de 1335 en favor de las ferrerías del valle de Lastur para «la tala de árboles en los montes próximos».
El tiempo ha sido agradable durante nuestras tres horas de recorrido y tertulias. Los nubarrones amenazan, pero nosotros entramos en la taberna, donde nos espera Eduardo García, autor de la obra Deba eta zezenak. Milaka urteko harremanak.
También se han incorporado los tres compañeros que han venido en coche. Los once nos disponemos a compartir una tertulia con nuestro invitado. Faltan unos minutos para las doce del mediodía.
Configurada la mesa para la tertulia, y animados por el caldo caliente y unos chorizos cocidos, nos disponemos a abordar la historia y la cultura de los toros en Euskal Herria. Desconocemos completamente el tema y nos acercamos a él con cierta distancia mental y un cierto escepticismo.
Con sorpresa nos enteramos de que ya se documenta una fiesta de toros en el año 1160 en la zona de Malzaga, con motivo de la visita del rey Sancho VI. Descubrimos la identidad diferenciada de los larrabeixa (betizu) de Lastur, toros de lidia más bravos que los miura.
Nos presentan a grandes e insignes toreros vascos: Manuel Egaña, José Ventura Laka (Marinero) y José Ituarte (Zapaterillo el Joven), que combinaba las lidias con su actividad como diputado a Cortes.
Nos emociona el zortziko Martintxo, que se toca en las plazas de Deba y Azpeitia con el público en pie, en recuerdo de José Ventura Laka Mancisidor, muerto en la plaza de Azpeitia el 2 de agosto de 1841.
También descubrimos las innumerables prohibiciones y autorizaciones sucesivas que papas, curas y autoridades acuerdan. Tiene especial relevancia la que deciden las Juntas Generales en Elgoibar (1657).
Nos interesa sobremanera una información histórica poco conocida, sin plantearnos la defensa de ninguna posición ni el apoyo a quienes quieren prohibir los toros en las fiestas locales y los festejos taurinos. Esas son otras historias.
Lo que históricamente parece que se puede aceptar es la afirmación del musicólogo, escritor y crítico taurino Antonio Peña y Goñi: «los toros son más vascos que la pelota».
Y nos quedamos con el testimonio del escritor navarro Ignacio Baleztena (Premín de Iruña):
«Muchos se extrañan, y aún los hay puritanos, que se rasgan las vestiduras al ver que esta simpática villa (Leitza), enclavada en el rincón de Navarra, celebran las mezclas de su glorioso patrón con novillos, pues creen que este acto es contrario a las costumbres y usos de nuestros venerables aitonas. Los que tal piensan y creen están en un error por demás craso, pues la mocina de esta simpática villa, tan euskaldun, al correr, brincar y zinzilipurdiar ante los novillos, no hacen más que seguir las huellas que les dejaron marcadas los tatarabuelos».
Continuamos la tertulia mientras degustamos un menú tradicional que se prolonga hasta bien pasadas las cuatro y media de la tarde.
Se cumplían los pronósticos y ya había comenzado a llover. Envueltos en una tormenta, decidimos recurrir al plan B y, gracias a los coches de nuestros compañeros, regresamos directamente a Zarautz.
Quedarán para otro día el caserío Murgizar, la roca con la inscripción «Año 1888», la campa de la coronación de la Virgen (3 de agosto de 1952) y las mejores vistas del Cantábrico desde la ermita de Santa Catalina, para terminar con una bajada directa, no exenta de riesgos, hasta la playa de Deba pasando por «Buenos Aires».
Crónica: José Mari Larramendi · Zarautz, noviembre de 2017
ZarautzOn obsequia a sus ponentes una litografía de Erik Aranburu, joven artista de Zarautz. El ejemplar 2/15 fue para Arantzazu Lizartza.
Fue excelente cómo logró entrelazar la poesía con el final de la vida —algo duro para todos— y las bonitas frases que nos regaló.
Peter Thiel, en 2002: «Necesitamos un Alejandro Magno que rompa el nudo gordiano en que está sumido Estados Unidos. Y ese presidente no puede ser un presidente convencional, porque un presidente convencional está demasiado atado por toda la estructura de la Constitución norteamericana.»