¿Por qué no deseo? Y otros asuntos del frungir
Ponente: Laura Morán, psicóloga, sexóloga y terapeuta familiar
Fecha: 17 febrero 2026
Hora: 19:00
Lugar: Modelo Aretoa, Zarautz

Los jóvenes y adolescentes han estado en el foco de la opinión pública desde que, al comienzo del verano pasado, la incidencia de la Covid19 empezara a repuntar tras los descensos de los meses de mayo y junio de 2020.
Las mal llamadas no-fiestas, los botellones y las actitudes que facilitan los contagios, bastante conspicuas, de algunos grupos de jóvenes han provocado que la atención se centrara en ellos y amplios sectores sociales los han responsabilizado de la subida de la incidencia de la pandemia en los dos veranos que hemos vivido de pandemia.

Pero Juan Ignacio Pérez cree que esto es injusto y erróneo. Es injusto porque esa crítica omite el dato de que han sido decisiones políticas las que han generado una relajación general de las costumbres. Ahí tenemos el ejemplo de lo ocurrido con los festejos navideños. La relajación en algunos sectores de jóvenes no ha sido sino parte de una tendencia general. Las autoridades tienen una responsabilidad que no deben ignorar. También lo es porque, por razones fisiológicas, los circuitos neurales no maduran (se configuran de forma definitiva) hasta mediada la tercera década de vida. Y eso tiene consecuencias importantísimas en lo relativo al comportamiento.
Y es injusto porque, relajación de costumbres al margen, otras actitudes pueden ser tan o más reprobables que las prácticas juveniles. Es muy complicado hacer reproches morales, porque no tienen en cuenta las circunstancias que rodean los actos o las actitudes que propician los contagios.

Crítica a los medios: Juan Ignacio analizó cómo los medios de comunicación y la opinión pública construyeron un relato que culpabilizaba a los jóvenes por los brotes de COVID-19, especialmente tras viajes grupales al finalizar el curso escolar.
Incoherencia institucional: Señala la contradicción de las autoridades que, por un lado, promovían el turismo y la movilidad para reactivar la economía y, por otro, criminalizaban a los jóvenes por participar en esas mismas actividades.
Juan Ignacio explica que el comportamiento de riesgo en jóvenes no es una cuestión de falta de valores, sino una consecuencia natural del desarrollo del cerebro humano:
Poda Sináptica: Describe el proceso biológico por el cual el cerebro elimina conexiones neuronales innecesarias para ganar eficiencia, un proceso de maduración que no se completa hasta cerca de los 30 años.
Desequilibrio de sistemas: Explica que existe un desfase entre el Sistema Límbico (que gestiona las emociones y la búsqueda de recompensas y madura pronto) y la Corteza Prefrontal (encargada del juicio y el autocontrol, que madura mucho después).
Influencia del grupo: Los circuitos de recompensa del adolescente se activan con mucha más intensidad cuando están acompañados de sus iguales, lo que dificulta biológicamente que se resistan a la presión social o que prioricen el aislamiento sobre la socialización.
Doble vara de medir: En su disertación reflexiona sobre cómo los adultos también causaron picos de contagios en reuniones familiares, pero no sufrieron el mismo estigma social que los jóvenes.
Percepción de la norma: A través de encuestas, muestra cómo la sociedad a veces juzga con más dureza decisiones personales legales que infracciones sanitarias graves, dependiendo de quién las cometa.
Contexto socioeconómico: Subraya que la capacidad de cumplir con las restricciones no es igual para todos, ya que factores como el espacio en la vivienda o la precariedad económica influyen directamente en la posibilidad de aislamiento.
Juan ignacio Pérez concluye que, si bien las conductas de riesgo deben gestionarse, es fundamental comprender que el cerebro adolescente está biológicamente programado para la socialización y la exploración. Culpabilizarlos moralmente por actuar de acuerdo a su etapa de desarrollo es injusto y carece de rigor científico.

Doctor en Biología, Catedrático de Fisiología y Coordinador de la Cátedra de Cultura científica de la UPV/EHU.
Profesor en la Facultad de Ciencia y Tecnología de la misma universidad, donde imparte fisiología en los grados de Biología, Bioquímica y Biología Molecular, y Biotecnología.
Es reseñable también su implicación en actividades de promoción y difusión del conocimiento desde la UPV/EHU, en reconocimiento recibió el prestigioso premio PRISMAS de divulgación científica. En 2019 el Premio Eusko Ikaskuntza-Laboral Kutxa de Humanidades, Cultura, Arte y Ciencias Sociales. En 2021 fue nombrado presidente de la Academia de las Ciencias, las Artes y las Letras, JAKIUNDE.
Ponente: Laura Morán, psicóloga, sexóloga y terapeuta familiar
Fecha: 17 febrero 2026
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